El peso de la fama en el rock’n’roll

Dicen que Kurt Cobain, líder de Nirvana, se quitó la vida con una escopeta en el mayor momento de su carrera. Sucedía en 1994, en medio de su meteórica situación.
La carta hallada al lado de su cuerpo decía en un fragmento: “Cuando estaba detrás del escenario, las luces se apagaban y el ruido de la multitud comenzaba, pero nada me afectaba de la forma en que lo hizo con Freddy Mercury que acostumbraba a amar, deleitarse con el amor y la adoración de la multitud, lo que es algo que totalmente admiro y envidio. El hecho es que no consigo engañaros, a ninguno de vosotros. Simplemente no es justo para vosotros ni para mí. El peor crimen que puedo imaginar sería engañar a las personas siendo falso y fingiendo diversión completa”.
La fama resultó angustiante para el rockero y él nunca atendió sobre las advertencias dadas en las lecciones del punk rock a lo largo de los años en relación a la ética envolviendo independencia y abrazando a su comunidad. Los compromisos de una celebridad, el acoso de los periodistas, la atención excesiva de los medios de comunicación, nunca combinaron con su espíritu por el rock’n’roll. Ser famoso era una carga pesada para Kobain.
Más recientemente, en julio de 2011, Amy Winehouse fue encontrada muerta. Se estaba matando poco a poco y no se puede negar que no ayudó a las celebridades de la industria. Además, hubo una cierta enfermedad en relación con su decadencia física y mental, hasta el punto de que incluso los corredores de apuestas británicos apostaron sobre la fecha de su muerte. Es clara su transformación tras el gran éxito del álbum Back to Black (2006). Para una cantante sensible y problemática no debió ser fácil tener los focos de la fama recalcando sus puntos fuertes y débiles.
Ese histórico de una relación complicada entre fama y rock viene de lejos. Tenemos sus primeros signos con Brian Jones, uno de los fundadores de los Rolling Stones. En 1969, fue hallado muerto en su piscina, un mes después de haber expulsado de la banda por sus abusos con las drogas y la total falta de compromiso. Luego después, fallecerían Jimi Hendrix y Janis Joplin, en 1970, y Jim Morrison, en 1971. Todos ellos tenían algo común: estaban en plena actividad de su carrera y fueron víctimas de sobredosis.
El vínculo con las drogas, en un principio exaltado como una forma de vida conciliada con el rock, sigue funcionando como una válvula de escape para soportar la presión sufrida por las celebridades en la industria.
Más que el pop, el rock tiene sus raíces en el nacimiento del underground y la cultura transgresora y con certeza conciliar este espíritu con una agenda mainstream de una celebridad debe ser la tarea más complejo de los astros del rock.

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