ESPECIAL: 31 años de Barricada (por Alfredo)

Parece que fue ayer, y aún no tengo muy claro que realmente no lo fuera. Que el tiempo pase o se estanque es algo que depende de la actitud de cada uno. Pasa lento, paso a paso, o rápido, deprisa deprisa, como decían el Torete y el Vaquilla en los mismos años en los que nosotros comenzábamos nuestros particulares “atracos” y con los que, viendo fotos de la época, incluso guardábamos cierto parecido físico. Serían los años 80, que se nos subían a la espalda tan ceñidos como los vaqueros que lucíamos orgullosos. A golpe de guitarreo y rueda, mucha rueda, brotaban los sueños que andaban en cuarentena. Y fueron tomando el color de quien ya no se siente tan solo, y cruzaron caminos salvando el vértigo que le produce a uno ver que algo tan querido ya no es solamente tuyo, sino de muchos. Y tomaron forma de canciones, recuerdos y caras a las que fuimos poniendo nombres y que nos acompañarían con el paso del tiempo, si es que realmente pasa.
Treinta y un años antes, o ayer mismo, como prefieras llamarlo, fui testigo de aquel primer rock & roll en la plaza del pueblo. La Txantrea, nuestra Txan seguía, si no siéndolo, pareciéndolo. Asistí como mero espectador y como todos los que allí estuvimos, en ese momento dejamos de ser o de sentirnos bichos raros. Y veinticinco años después, o al cabo de un rato, como prefieras, volvimos a pisar ese suelo que sentíamos tan nuestro y volvió el escalofrío al sentir que seguía siendo de muchos. El mismo suelo que me vio crecer, donde perdí cromos, canicas, piel de mis rodillas… Aquel suelo donde rompí peonzas, balones y el corazón más de una vez, unas veces el propio y otras ajeno, ahora volvía a quedarse con otro trocito de mí.
Realmente nunca he echado demasiado la vista atrás. Si acaso, como en esta ocasión, me gusta recordar lo que pasó ayer o hace un momento, como quien dice. Ni la voy a echar adelante porque tampoco lo he hecho nunca, además de que sería inútil porque uno no es adivino y la vida te lleva unas veces donde quiere y otras donde te mereces, que no sé qué es peor. Y esto terminará cuando termine, pero lo único que tengo claro es que gracias a vosotros, no acabará nunca. Gracias a tantas noches de rock&roll, a esas flechas que nos marcaron direcciones, a los benditos nervios antes de cada concierto, a las decepciones que propiciaron reencuentros, a otras noches sin dormir, a esas caras a las que ya hemos puesto nombre, a los caminos de piedras, a los montones de amigos que hemos hecho, a todos esos latidos con sus correspondientes mordiscos, a lo que se fue y a lo que vendrá, a todas las bandas sonoras de nuestras vidas. Gracias por hacer de cada una de nuestras canciones un momento único en vuestras vidas…y en las nuestras.
Se os quiere!!
Alfredo Piedrafita

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