Lecciones para rockeros de gira veraniega: no jueguen con fuego (ni con perritas) MAREA, POR ALÉN AYERDI

En los primeros años de una banda, una de las experiencias sin duda más bonita es descubrir la carretera. Toda una infancia y parte de la adolescencia ansiando cumplir el sueño de parecerte a un rockero de verdad, y un día llega. Te montas en una furgo y tira millas con toda tu historia por hacer.

Es en este cúmulo de emociones y máxima pasión cuando se da la energía en la que todo puede pasar. Cuando reflexiono sobre todo lo vivido, siempre me viene a la cabeza una frase que me dijo Kutxi una de esas madrugadas que volvíamos de un bolo en un pueblo perdido de Castellón: “Un grupo no es el tocar ni la música, eso sólo es un 5%, el otro 95% restante es el saber convivir juntos tantos días y tantas horas”. Sólo así se comprende el buen rollo y el saber ser un equipo en cada situación, sobre todo en las jodidas.

“Paré en el arcén como pude y al abrir la puerta de atrás la situación era dantesca: los tres ocupantes estaban literalmente cagados”

Una no muy graciosa nos ocurrió en un pueblo de Valencia. Nuestro conductor, Kuxe, tuvo que impedir varias veces que un energúmeno invadiese el escenario. Este tipo se rebotó contra él y subió a agredirle. Kolibrí vio bien toda la jugada y en medio de un sólo se quitó la guitarra y de una patada lo lanzó fuera del escenario. Esto produjo una bronca entre dos sectores del público que acabó atrayendo a la Guardia Civil. Ahí se acabó el bolo.

Una más graciosa, sobre todo para mí, fue en un pueblo de Navarra en fiestas. Desde que llegamos nos rondó una perrita de raza husky siberiano preciosa. Al estar en un pueblo, tampoco le dimos mucha importancia.

Al acabar la noche, cuando ya nos volvíamos a Pamplona, la vimos cruzar la carretera y, al no verle collar, se me ocurrió llevármela. Como iba conduciendo yo, el Piñas se ofreció para llevarla atrás en sus piernas. De repente, un grito de atrás: “Hostia que me está mojando, que se mea”. La siguiente imagen mental que me viene a la cabeza es el Piñas potando en mi ventanilla y un olor a mierda insoportable. Paré en el arcén como pude y al abrir la puerta de atrás la situación era dantesca: los tres ocupantes estaban literalmente cagados. Lo siguiente fue quitarse la ropa y abandonarla a toda prisa en el trigal, entre arcadas y vómitos generalizados. A mí me tocó limpiar, como pude, los asientos. La frase de Kutxi fue para enmarcar: “El próximo día que te entre el arrebato de Félix Rodríguez de la Fuente te pateo”. Y la de Piñas la mejor: “Bueno, estas cosas son las que nos unen”, cuando se bajada en calzoncillos de la furgo en Berriozar.

Otra que no se me olvidará nunca fue en la gira de 2004, cuando en un punto álgido de euforia del concierto, Kutxi me envuelve en papel higiénico (a mí y a la batería, mientras yo tocaba), y con una sonrisa de oreja a oreja, no se le ocurre otra cosa que pegarle fuego. El resto de la canción fue una prueba de humor amarillo, mientras tocaba quitándome el papel ardiendo con las baquetas.

Necesitaría un libro entero para contar todas las peripecias. En la primera gira que hice con Calaña (cuando se llamaba Conjunto Istiércol), el día que no acabábamos en el hospital era porque estábamos en comisaría. Recuerdo el comentario general: “¡Es que menuda calaña os habéis juntado!”. Dicho y hecho: nos pusieron el nombre.

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